Reseña del libro "A orillas del río Gallo el amor despierta"
Alba y Héctor tienen casi cuarenta años cuando la vida los lleva -o los devuelve- al mismo lugar: el Santuario de la Virgen de la Hoz, en Molina de Aragón.
Un valle profundamente espiritual, donde las piedras parecen guardar voces antiguas y el eco del río Gallo resuena como un corazón que nunca deja de latir.
Ambos se conocieron en su juventud, cuando eran dos llamas indómitas buscando respuestas afuera. La vida los alejó, los reinventó, les hizo creer que el tiempo y las responsabilidades ya no dejaban hueco para la magia. Pero el destino es terco cuando tiene algo guardado.
Alba llega al Santuario con una herida que no sabe nombrar. Con dudas que la persiguen desde hace años. Con la necesidad íntima de volver a encender una vela ante la Virgen -como hace cada vez que la vida la desafía- para encontrar luz en su propio laberinto.
Héctor regresa casi sin darse cuenta. Algo más que la nostalgia lo empuja hacia el valle. Es como si la piedra lo llamara por su nombre, como si supiera que él lleva demasiado tiempo huyendo de sí mismo.
Ambos se hospedan en la Hospedería de la Virgen de la Hoz, un refugio de paredes antiguas y candelas que chisporrotean en silencio.
Allí, durante cinco días, el número sagrado del renacimiento, ambos se enfrentan a lo que fueron, a lo que aún desean y a lo que nunca lograron cerrar.
El valle comienza a transformarlos.
El río les recuerda lo esencial.
La piedra los escucha.
La Virgen los sostiene con su mirada centenaria.
Entre paseos por el cañón, conversaciones hondas, confesiones que tardaron dos décadas en pronunciarse y señales que solo entiende quien está preparado para ver, Alba y Héctor descubren una verdad luminosa:
El amor maduro también puede ser milagro.
La fe también puede ser humana.
Y la magia existe cuando dos almas se reconocen de nuevo.
A orillas del río Gallo el amor despierta es una novela de reencuentro, espiritualidad, heridas que sanan, esperanza y revelaciones.
Un viaje interior y exterior donde la piedra, el agua y la luz se convierten en maestros silenciosos.