Reseña del libro "EL SENTIDO Y LA NATURALEZA SOCIAL DEL HOMBRE"
“¿Por qué no popularizar la filosofía y hacerla florecer en la vida y milagro del común de los mortales?”, se pregunta el autor, y ésta es una pregunta nada trivial, sino que engloba una convicción fundamental: que la reflexión filosófica y la conversación personal es una de las vías relevantes que el hombre y la mujer tienen y con las que pueden hacer de este mundo un lugar más plácido, una tierra más fértil, un lugar de la educación, la contemplación y el espíritu…
En este libro, López de Maturana, médico de profesión e interesado también en materias filosóficas, nos lleva de la mano a un gran viaje, que es el viaje del pensamiento, pero también el viaje de las emociones, y de aquello que, como él dice, subyace a las relaciones, a las buenas relaciones, de nosotros con los demás, de nosotros con el mundo, y de nosotros con nosotros mismos, y que no es otra cosa que el descubrimiento y desarrollo del sentido.
Cómo vivir ese viaje, el gran viaje de la vida, a la manera de Ulises volviendo a su amada Ítaca, es la gran pregunta que se abre cuando hablamos de hacer sentido: esto es, ir en la dirección correcta y que esa dirección, por sobre todo, tenga la relevancia, la solidez y la dignidad que merece.
Qué pregunta más significativa –quizás la pregunta más relevante de todas es esa–, y sobre todo en tiempos donde el mundo parece en gran parte resquebrajado en sus afanes de comunidad, solidaridad y tolerancia. Si a esto agregamos un individualismo extremo, una adicción a los dispositivos digitales y una casi completa orfandad de tiempo para sí mismos, capturados por el trabajo –cuando se tiene– y por el consumo o su espejismo, el panorama pareciera nada alentador.
El autor nos habla –sin enarbolar claves secretas, sino que desde su propia búsqueda, en diálogo con la tradición filosófica, científica, educacional, y con el, a veces, tan escaso sentido común–, no solo denunciando la abulia contemporánea, y la futilidad del existir, unido todo ello a la gran desesperanza que se respira; sino que también apela a la o las maneras conscientes, responsables y duraderas en que podríamos arribar a un puerto donde la felicidad, al menos, sea un camino propositivo y, a la base de ello, trabajable. Eso es, la felicidad también es un trabajo, y se alcanza no en juegos de azar ni en baños de oro, en huidas hacia destinos exóticos, ni tampoco en reinvenciones existenciales rutilantes, sino que en el quehacer del día a día, como conquista humana con otros.
Donaldo López de Maturana echa mano a una vasta panoplia de instrumentos del pensamiento clásico y moderno, así como se apoya en las últimas pesquisas de las neurociencias para entender la intrincada latencia del ser humano –en tiempos en que ya hablamos de posthumanismo y de ser reemplazados por máquinas– para, precisamente, advertirnos de las virtudes de lo cotidiano, del tesoro de la conversación
con otros y la escucha atenta y respetuosa como redescubrimiento de ese otro y de uno mismo. Lo anterior nos lleva a una conclusión aún más radical: que de la calidad de nuestros vínculos también depende nuestro desarrollo cerebral, comunitario, existencial, y desde ahí, pudiéramos aventurar, de la entera especie.