Reseña del libro "Savia Renuente"
Durante siglos, el hombre ha usado imágenes de la naturaleza como símbolo de poder y para representarse a sí mismo a través de la asimilación de las características de fuerzas cósmicas y del alma animal y vegetal.La concepción del anima mundi palpita en estos vínculos vivos, cuya vitalidad el arte y la literatura han sabido expresar. Los grandes accidentes naturales, los animales y las plantas han sido y son grandes fuentes de identificación para el yo. Símbolos universales -el sol, la luna, las estrellas, el relámpago, la montaña, el mar, el río, la isla, desde el león hasta los pájaros, las flores y los árboles- han dado rostro a emociones, ideas y apodos de lo humano.Luego, esta convivencia e identificación entre naturaleza y hombre se trasladó a lo urbano: el castillo, la catedral, la iglesia, el rascacielos y el obelisco, la ciudad misma se sumaron (al igual que, más recientemente, imágenes tecnológicas) a este sistema de identificación simbólica y metafórica que sustenta el habla cotidiana y artística. (...)De esta manera, Savia renuente se ofrece como un camino para dialogar con el deseo propio, con la herida. Cada verso que Eglantina Durrego Herrera ha escrito en este libro ofrenda fertilidad, belleza y una sombra que protege a pesar de la intemperie y la desolación que también sostienen sus palabras. Si bien en los poemas iniciales leemos: soy una canción sin cantar / la promesa de un árbol, al analizar el libro escuchamos una alta y sonora canción: vemos al árbol ya no como posibilidad sino como un pleno ser que concede su sombra.María Antonieta Flores